Desde el Centro de la ciudad, en el corazón de la antigua Aucaypata o terraplén de las plegarias, se ven las monumentales construcciones de los tiempos coloniales; La Catedral y La Compañía, en su interior habitan santos, vírgenes, ángeles y demonios, tallados en madera, atrapados en yeso o en los oleos que los pintores indígenas elaboraron como signos de los tiempos después del esplendor del incario. Donde antes estuvieran los palacios de los soberanos del ande están los portales y las viejas casonas que se levantaron sobre los muros y cimientos de una ciudad que se hizo siguiendo un trazo mágico religioso, procurando plasmar el movimiento de los cuerpos celestes en un complejo sistema de marcaciones del paso del tiempo.